Censura y visos de corrupción en la Jornada San Luis    

08.09.2007
Julio Hernández López, perversa y escabrosa trayectoria

Jacobo Vázquez

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Carlos López Torres, histórico dirigente de la izquierda y ex preso político, renunció a la Jornada San Luis a causa de que sus columnas venían siendo "rasuradas" si criticaba al alcalde capitalino Jorge Lozano Armengol, que ya se maneja como precandidato del PAN a la gubernatura en el 2009, y quien incluso ha llegado a declarar que es el "candidato natural" para suceder a Marcelo De los Santos.

En San Luis es conocido el derroche de recursos en propaganda impresa, electrónica y en parabuses que Lozano Armengol hace de su figura como presidente municipal, hecho que ha sido criticado por los partidos de oposición y por diversos analistas, quienes ven en este político del PAN a uno de los precandidatos de Marcelo De los Santos Fraga.

La censura, el despido forzado del periodista, se dio mientras en las páginas del impreso se venía publicando, disfrazada de información, propaganda del Ayuntamiento, y a discrecionales y extra periodísticos arreglos financieros entre el actual administrador del medio, Ramón Abdías Vega, y el director de Comunicación del municipio, Francisco Rosales, quien es utilizado por la directora de Comunicación Social de Marcelo De los Santos, María Luisa Paulín, para corromper a los periodistas potosinos.

Al no recibir ninguna explicación por parte de Julio Hernández López, director del periódico "La Jornada San Luis" y columnista de "La Jornada" nacional, Carlos López Torres deduce que la censura y la renuncia a que se vio obligado por ética profesional fueron avaladas por el primero, quien a pesar de no pararse por las instalaciones del periódico funge desde hace nueve años como el director del mismo, algo que puede hacer con tranquilidad, pues posee la mayoría de acciones de la empresa.

Ha trascendido que de los acuerdos financieros y de la renuncia de Carlos López del periódico fue informado Julio Hernández López, pero no hizo nada por evitar tal salida, respaldando, al parecer, a su administrador Ramón Abdías en sus tratos oscuros con el ayuntamiento capitalino.

En San Luis Potosí y el Distrito Federal ya circula en correo electrónico el borrador de una carta donde se plantea una queja a Hernández López por la salida del diario del también dirigente magisterial disidente de la Sección 26.

Carlos López Torres estuvo encarcelado en 1975, junto con el hoy director de la Jornada San Luis y otros activistas, acusados de detonar tres bombas en la capital potosina, durante el gobierno de Guillermo Fonseca Álvarez (1973-1979), hechos que a la postre fueron consignados por investigadores periodísticos y testigos de aquella época como "terrorismo de estado". Otros sí lo atribuyen a grupos guerrilleros, que podrían ser "Unión del Pueblo" o "Fuerzas Revolucionarias Armadas del Pueblo".

Julio, López Torres y los demás salieron libres en días y semanas posteriores, luego de una supuesta visita a la entidad de Miguel Nassar Haro, quien al parecer de inmediato se dio cuenta que los detenidos no eran responsables del estallido de las bombas ni tenían relación con agrupaciones guerrilleras.

Esto se desarrolló en un contexto de creciente conflictividad política y social, desencadenado a causa de problemas con el transporte urbano y de fuertes movilizaciones de estudiantes, sobre todo de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, quienes pudieron vincularse a demandas de obreros y campesinos.

Algo sobre aquellos bombazos de 1975 puede ser consultados en la siguiente dirección http://www.cedema.org/uploads/SLP.pdf, en una investigación del periodista Javier Padrón Moncada, otro ex colaborador de Julio Hernández en la Jornada San Luis y hoy director del semanario Exprés (www.expres.com.mx).

Ex compañeros de Julio en la Universidad Autónoma, señalan que más bien éste se distinguía por vándalo. "Por donde pasaban iban causando destrozos. Eran él y un grupo de rufianes con quienes se juntaba a emborracharse, golpear estudiantes a mansalva y extorsionar a funcionarios de la Universidad, entre ellos al mismo rector Guillermo Delgado Robles", nos dice Eduardo José Alvarado Isunza, periodista y también trabajador de la Universidad Pedagógica Nacional.

Luego de uno de esos desmanes con los que Julio celebró uno de sus cumpleaños, dice Alvarado, fue expulsado de la Universidad. Aunque luego el citado rector lo perdonó y le permitió seguir sus estudios, pues en el fondo era utilizado, como otros muchos estudiantes, por el grupo de poder que controlaba la universidad, conocido precisamente como "Grupo Universidad".

Otros colaboradores cercanos de Julio también resintieron la censura de éste, como se dio durante la administración del gobernador Fernando Silva Nieto (1997-2003), de agraviante memoria para los potosinos y responsable político de un gran fraude realizado en un mega invernadero de Ríoverde San Luis Potosí.

Su paso como periodista en San Luis tampoco es muy ilustrativo, pues el hoy colaborador del diario Pulso, Juan Antonio Hernández Varela, reveló al ya citado Eduardo José Alvarado que incluso alguna vez Julio Hernández López fue contratado como "rompe huelgas" (esquirol) en El Sol de San Luis (entre 1973 y 1974), entonces propiedad del Coronel García Valseca, cuando un grupo de redactores iniciaban un movimiento de reivindicación de sus derechos laborales.

También le sirvió al gobernador Gonzalo Martínez Corbalá (1991-1992) como director de comunicación. Desde ese puesto corrompía a la prensa local y tenía controlados a los periodistas en favor del gobierno estatal.

En San Luis hay quienes opinan que Hernández López ha navegado con bandera de izquierdista, pero que en el fondo su ambición ha sido enriquecerse y escalar posiciones de poder.

Julio Hernández López, de buenas relaciones con la periodista Carmen Lira, de la Jornada México, inició el proyecto de la Jornada San Luis en noviembre de 1998, haciendo negocio al rentar a esa empresa periodística de la Ciudad de México una casa de su propiedad, ubicada en zona residencial de la ciudad potosina, y poniendo de subdirectora del rotativo a su esposa Ángeles Guerrero Fernández.

A partir de ahí Hernández López comenzó a reivindicar su figura pública, pues luego de aquellos bombazos de 1975 fue corrompido por el sistema del PRI, sirviendo a diversos políticos emanados de este partido. Incluso fue formado en el viejo Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales (IEPES) del PRI, junto a otros cuadros que serían reserva política del sistema, como Juan Ramiro Robledo, Horacio Sánchez Unzueta (yerno de Salvador Nava), Enrique Márquez Jaramillo (investigador del Colegio de México), Eudoro Fonseca Yerena (funcionario del Conaculta con Vicente Fox) y Fernando Silva Nieto.

Su último cargo y servicios al autoritario y corrupto régimen priísta fue como presidente estatal de este partido en San Luis Potosí, de donde salió acusado de haberse robado bienes del Comité Directivo de ese partido, esto durante el gobierno priista de Horacio Sánchez Unzueta (1994-1997).

Sánchez Unzueta, casado con una hija del doctor Nava Martínez, arribó al gobierno potosino utilizado por el presidente Carlos Salinas de Gortari, en un intento de éste por mediatizar el movimiento navista. Y hasta al despacho de ese gobernador solía llegar Julio Hernández a asesorar y redactar discursos para el yerno priísta de Nava.

Luego, al salir enfrentado con Horacio y otros políticos de ese partido, inició una huelga de hambre a las puertas del palacio de gobierno de la capital potosina. Este ayuno era vital para Julio, pues el gobernador Horacio Sánchez pretendía meterlo a la cárcel por robo y desfalcos que el primero había perpetrado como dirigente del PRI.

Así, mientras Hernández López montaba un escenario con poses de democratizador, otros aseguraban que por sus convicciones estaba poniendo en peligro su vida.

Pero la verdad fue que incluso el tesorero del PRI en San Luis Potosí, Juan Manuel Martín del Campo, prefirió renunciar para no verse metido en demandas penales y líos políticos a causa de su jefe.

También se le acusó de vender las candidaturas del PRI, utilizando para ello a un subordinado, que luego llevaría consigo a dirigir La Jornada San Luis, a pesar de que este empleado suyo no tenía ningún conocimiento como periodista, pero le resultaba controlable, como ocurre aún hoy con el actual responsable de ese medio.

Además mientras era presidente del PRI recibía sobornos del gobierno del estado, como él mismo confesó en una entrevista con la revista Proceso (número 1049, diciembre de 1996), y en su libro publicado unas semanas después, titulado "Las horas contadas del PRI", de editorial Grijalbo.

Desde su fundación y hasta la fecha, La Jornada San Luis viene arrastrando, por ya casi 10 años una permanente crisis económica, laboral y profesional. Tiene una reducida circulación, que no alcanza los mil ejemplares, los que circulan en la capital, pues en los demás municipios prácticamente no llegan las ediciones del impreso.

El contenido y diseño no motiva a las clases populares ni a los anunciantes, y Julio, quien maneja el diario a control remoto desde la ciudad de México, ha ido despidiendo uno tras otra a sus jefes de información y a múltiples reporteros, al grado de haber estado en demandas laborales por no respetar las garantías de sus trabajadores.

Por La Jornada San Luis han desfilado muy buenos periodistas, que al poco tiempo renuncian, al no encontrar el respaldo del director, y ser sometidos a censura, bajos sueldos, y pocas o nulas prestaciones. Otros, una importante lista, nunca han podido acceder a las páginas del diario, ni como periodistas, ni como colaboradores, a pesar de sus trayectorias o propuestas.

Pero Julio sabe aprovechar desde supuestas posiciones de izquierda los ataques que se le hacen al periódico, y así encabezó hace dos años una marcha para denunciar a Marcelo De los Santos por pretender éste dirigir La Jornada desde el escritorio de Palacio, bajo el chantaje de la entrega de publicidad oficial.

Con otros, como el gobernador Fernando Silva Nieto, que le entregaba sus "chayotes" puntuales y sin renegar, Julio no necesitó de ninguna marcha.

La solidaridad con los demás periodistas tampoco parece dársele mucho a Hernández López. Hace un par de meses el "Semanario Soledad" de la entidad potosina recibió un ataque al ser clonada la revista para ataques políticos contra un pre candidato a la gubernatura. Periodistas que elaboran esa publicación vieron hurtadas sus identidades y puestos en situación de fragilidad; y el "democratizador" Hernández López ni una línea comentó del incidente.

Aunque los responsables de la revista levantaron demanda penal y recibieron apoyo de una organización nacional de defensa de periodistas, Julio se negó a dar voz a los reporteros agredidos, a pesar de las peticiones de su viejo amigo y compañero de celda Carlos López Torres, quien insistió en vano, según ha relatado este mismo.

A las víctimas de estas actitudes falsas, prepotentes, soberbias de Julio se sumó apenas el pasado 23 de agosto el también dirigente magisterial Carlos López Torres, primer diputado de la izquierda potosina, por el Partido Socialista Unificado de México (PSUM) en tiempos del cacique Carlos Jonguitud Barrios y quien sin embargo guarda un gran aprecio para el autor de la columna "Astillero", que se publica en La Jornada.

Aquella estimación viene del encarcelamiento y tortura que ambos sufrieron en 1975, cuando Carlos tenía 34 años y era dirigente del Partido Comunista Mexicano mientras Julio, de 20, era estudiante de la Facultad de Derecho.

Al grado que el reconocido dirigente del viejo Partido Comunista Mexicano llama a Julio Hernández "Mi niño". Carlos todavía se refiere así al columnista de La Jornada, aunque hay quienes opinan que el "niño" es más bien un mercenario.

Hay quienes…

San Luis Potosí, S.L.P., a 6 de septiembre de 2007.